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Los Mesa en la toma de Granada

Los Mesa en la toma de Granada
la rendición de Granada - Por Francisco Pradilla y Ortiz

En el último artículo nos quedamos en el año 1333. Alfonso XI está activamente involucrado en la defensa del estrecho de Gibraltar, por el cuál pasan ejércitos enemigos que se alían con el reino Nazarí de Granada. En una de sus campañas mencionamos como un Freyre de Calatrava, Gonzalo de Mesa, le corta la cabeza a un caballero del ejército invasor de un solo tajo. Nos impresiona que una historia como esta no sólo llegue a nuestros oídos casi 700 años después, sino que además podamos situar a su protagonista en nuestro árbol.

Aunque sería interesante continuar con esa rama de la familia que se extendió por Andalucía, debemos centrarnos ahora en la línea que no solo participó en la toma definitiva de Granada (poniendo fin a la Reconquista), sino que también conquistó Tenerife.

Sin embargo, aquí nos encontramos con un problema: faltan de 5 a 7 generaciones. Aunque sabemos que Ruy Fernández de Mesa (nacido hacia 1215 y conquistador de Córdoba junto a sus hermanos) tuvo un hijo llamado Fernando Ruíz de Mesa (c. 1255), los genealogistas sitúan a Álvaro Ruíz de Mesa (c. 1440) generaciones después de Fernando, sin que existan registros claros de los eslabones intermedios.

Aproximación de las generaciones intermedias desconocidas hasta ahora. (Pueden haber más o menos).
Aproximación de las generaciones intermedias desconocidas hasta ahora. (Pueden haber más o menos).

Esto significa que, desde Fernando Ruíz de Mesa (nacido hacia 1250 - 1260) hasta el nacimiento de Álvaro Ruíz de Mesa (hacia 1420), transcurrieron aproximadamente 160-170 años. En ese periodo, y ante la falta de documentación directa, asumimos que el linaje de los Mesa en esta rama:

  • Se mantuvo como parte de la oligarquía caballeresca cordobesa, poseyendo haciendas y ocupando cargos de importancia local.
  • Participó de forma regular en las campañas fronterizas contra el Reino Nazarí de Granada, que en el siglo XIV atravesaba una etapa de relativa contención tras las conquistas de Alfonso XI.
  • Sufrió, al igual que el resto de la nobleza media castellana, las duras consecuencias de la Peste Negra (1348-1350), las guerras civiles entre Pedro I y Enrique II de Trastámara (1360-1369), y las constantes cabalgadas y razzias en la frontera.

Me inclino a pensar que la terrible mortandad provocada por la Peste Negra fue lo que más complicó la conservación de los registros genealógicos de la época. (La Peste Negra se pudo haber llevado entre el 30 y el 50% de la población en la península, y con ella a los escribanos y notarios).

No obstante, de una cosa podemos estar seguros: Álvaro Ruíz de Mesa existió. Como sus ascendientes desde el siglo XII, vivió y combatió en la frontera con el mundo musulmán, aunque en su caso lo hizo desde la plaza de Jimena de la Frontera.

Los reyes que pasaron por el trono de Castilla desde nuestra última entrada hasta los días de Álvaro Ruíz de Mesa son:

Rey Reinado
Alfonso XI 1312 - 1350
Pedro I 1350 - 1369
Enrique II 1369 - 1379
Juan I 1379 - 1390
Enrique III 1390 - 1406
Juan II 1406 - 1454
Enrique IV 1454 - 1474

Álvaro Ruíz de Mesa (c. 1440 - 1500) y Medina Sidonia

Existe una relación muy importante entre los Mesa de esta rama y época y el ducado de Medina Sidonia. Esto se verá más adelante no sólo durante la conquista de Tenerife, sino que nos entrega una información de extrema importancia para entradas futuras. Por ello me extenderé algo más en describir la conexión entre ambas.

A mediados del siglo XV, el Reino de Castilla atravesaba uno de los periodos más turbulentos de su historia bajomedieval. Durante el reinado de Juan II (1406-1454) y, especialmente, bajo su sucesor Enrique IV (1454-1474), la corona sufrió una profunda debilidad política, marcada por la fuerte influencia de la alta nobleza, continuas luchas de bandos, revueltas internas y una monarquía incapaz de imponer su autoridad de manera efectiva.

En este contexto de inestabilidad, las grandes casas nobiliarias andaluzas adquirieron un poder extraordinario, actuando casi como estados dentro del Estado. Entre ellas destacaba con gran superioridad el Ducado de Medina Sidonia, perteneciente a la casa de Guzmán, que se había consolidado como una de las señoriales más ricas y poderosas de toda Castilla. Sus extensas posesiones en el suroeste andaluz, especialmente en Sanlúcar de Barrameda, el Campo de Gibraltar y la zona fronteriza con el Reino Nazarí de Granada, le permitían controlar el Estrecho, mantener una importante flota y disponer de una numerosa clientela de hidalgos y caballeros fronterizos.

El II Duque de Medina Sidonia, Enrique Pérez de Guzmán († 1492), fue una figura central de esta época. Aunque frecuentemente enfrentado a Enrique IV por el control de plazas estratégicas como Gibraltar y Jimena de la Frontera, su influencia militar y económica resultaba indispensable para cualquier empresa de envergadura en la frontera granadina.

Mapa de Medina Sidonia, sXVI - Encontrada aquí

Es precisamente en este marco de poder nobiliario y frontera inestable donde se desarrolla la trayectoria de Álvaro Ruíz de Mesa.

Álvaro Ruíz de Mesa nació en los últimos años de la Reconquista, durante el reinado de Juan II. Fue miembro de la Orden de la Banda.

Para ingresar en esta orden era necesario haber servido al rey durante al menos diez años, haber demostrado valor en combate, conducta intachable y lealtad probada. La admisión era concedida directamente por el monarca. El hecho de que Álvaro formara parte de ella indica que gozaba de gran prestigio y que su servicio en la frontera fue destacado.

Los miembros de la Banda podían llevar como insignia una banda roja o dorada sobre el hombro o el pecho. Representación de la élite nobiliaria, distinción personal y compromiso directo con la corona.

Monedas con el escudo de la Orden de la Banda
Monedas con el escudo de la Orden de la Banda - Encontrada aquí

Más allá de esto, Álvaro Ruíz de Mesa fue a su vez, y en base a la información disponible, Alcaide de Jimena y del castillo de Ronda. Es decir, un gobernador militar y administrador de las villas fronterizas, que en aquel momento estaba en primera línea con la frontera del Reino Nazarí de Granada, puesto de gran responsabilidad y prestigio, como pueden imaginar. Entre sus responsabilidades estaba evidentemente la de la defensa militar de la plaza, pero también el mando de la guarnición, administración de la justicia local en nombre del rey, y la recaudación de impuestos.

La zona de Jimena de la frontera fue conquistada por Castilla en el año 1457, durante el reinado de Enrique IV. Podemos presuponer que Álvaro participase en su toma, en base a sus distinciones. Esta es muy probablemente la época en la que Álvaro ejerció como alcaide de la plaza. Quizás en el rango de 1456 a 1463.

Como hemos dicho Enrique IV no fue un rey muy respetado por la nobleza de la época. Modesto Lafuente lo ejemplifica así:

"En vano sus capitanes ansiaban ganar fama y prez con alguna empresa hazañosa: el sistema del rey era que la vida de los hombres no tenía precio, y que por lo tanto no debía en manera alguna consentir que la aventuraran en batallas, combates, ni aún escaramuzas: táctica singular en quien se presentaba con ínfulas de arrojar los moros de España, y que le atraía el menosprecio y le ponía en ridículo para con sus mismos caudillos y capitanes. Merced al espontáneo arrojo de algunos jóvenes caballeros, habiendo vuelto al otro año (1457) a la vega de Granada, como hubiese muerto en un encuentro que aquellos tuvieron con los moros el esforzado Garcilaso de la Vega, se irritó algún tanto el rey, mandó talar las mieses, viñas, olivares y plantíos, se tomó a fuerza de armas la villa y fortaleza de Gimena, y obligó al emir Aben Ismail a pedirle treguas, que obtuvo a costa de un tributo de doce mil doblas anuales y del rescate de seiscientos cautivos cristianos. Mas ni se alcanzó triunfo alguno señalado, ni se ganó plaza alguna importante, y aquellas ruidosas campañas se reducían a vanos y ostentosos alardes, en que se gastaban sumas inmensas, y en que bajo el especioso pretexto de economizar las vidas de sus súbditos ponía de manifiesto su medrosa política, y excitaba en sus mismas tropas la murmuración, y en los grandes el desprecio y hasta la burla." ¹

Seis años después de la toma de Jimena, en 1462, Castilla reconquista Gibraltar a los nazaríes con la importante participación del Duque de Medina Sidonia. El cual espera por sus sacrificios recibir la plaza como recompensa. Enrique IV, en vez de dársela al Duque, entrega Gibraltar a su valido Beltrán de la Cueva. Esto no hace feliz al Duque. A su vez, entrega el rey el control de Jimena al mismo Beltrán de la Cueva. Asumimos por tanto que desplaza a Álvaro Ruíz de Mesa como alcaide, en 1463-4.

Escudo del Ducado de Medina Sidonia

Como es de esperar, se da una profunda crisis en el reinado. La ineptitud de Enrique IV para con la nobleza se manifiesta en toda su intensidad durante la Farsa de Ávila (1465), donde parte de esta nobleza resentida depone simbólicamente a Enrique IV:

"Incorporados los de la liga con el arzobispo de Toledo en Ávila, determinaron desposeer al rey de una manera tan solemne como audaz y afrentosa. En un llano inmediato a la ciudad hicieron levantar un estrado tan alto que pudiera verse a larga distancia. En él colocaron un trono, sobre el cual sentaron una efigie o estatua de don Enrique con todas las insignias reales, aunque en traje de luto. Hecho esto, leyeron un manifiesto, en que se hacían graves acusaciones contra el rey, por las cuales merecía ser depuesto del trono y perder el título y la dignidad real. En su consecuencia procedieron a despojarle de todas las insignias y atributos de la majestad. El arzobispo de Toledo fue el primero que le quitó la corona de la cabeza: el conde de Plasencia le arrebató el estoque; el de Benavente le despojó del cetro, y don Diego López de Zúñiga derribó al suelo la estatua. Seguidamente alzaron en brazos al joven príncipe don Alfonso, y le sentaron en el trono vacante, proclamando a grandes voces: ¡Castilla por el rey don Alfonso! Los gritos de la multitud se confundieron con el ruido de los atabales y trompetas (5 de junio, 1465), y los grandes y prelados, y después el pueblo pasaron con gran ceremonia a besar la mano del nuevo monarca." ¹
"Comenzaron a llegarle de todas partes mensajes siniestros. Toledo y Burgos, Córdoba y Sevilla, con los condes de Arcos y Medina-Sidonia, habían alzado también pendones por don Alfonso. Entonces don Enrique pronunció con mucha calma y serenidad las palabras de Job: «Desnudo salí del vientre de mi madre, e desnudo me espera la tierra»." ¹

El II Duque de Medina Sidonia aprovecha la crisis poco después para atacar y conquistar Gibraltar por la fuerza, asediándola. El alcaide colocado por el rey Enrique IV es expulsado.

Fortalecido por la última toma, años después, el Duque de Medina Sidonia ataca y conquista Jimena de la Frontera, sitia la plaza, derrota a Pedro de Vera, y obtiene de él a dos de sus hijos como rehenes.

En 1471 Enrique IV, incapaz de recuperar las plazas y necesitando aún el apoyo del Duque de Medina Sidonia, legaliza la situación a través de una venta la plaza de Jimena.

Lo más probable es que la familia de los Ruíz de Mesa tuviese que tomar una decisión llegado este momento; enfrentarse al Duque de Medina Sidonia de parte del rey o bien adaptarse dentro de la clientela del Ducado. Dada la debilidad de Enrique IV y los acontecimientos que se dieron a continuación es evidente que Álvaro optó por lo segundo. Entre la evidencia para apoyar esta afirmación tenemos que sus hijos acabarían participando en las futuras misiones del Duque de Medina Sidonia, como la conquista de Tenerife, la Guerra de Granada y muy probablemente Melilla. Además de su matrimonio con Inés de Vique en Sanlúcar de Barrameda, principal señorío del Ducado.

Inés, en base a lo leído, pertenecía a una familia de notable relevancia jurídica e intelectual en la Castilla del siglo XV. Era hermana de los doctores Pedro de Vique y Juan de Vique, oidores del Consejo Real de Castilla. Los oidores eran jueces de alto rango que formaban parte del máximo tribunal del reino. Tenían voz y voto en las causas de justicia, participaban en la gobernación del reino y asesoraban directamente al monarca en asuntos jurídicos y administrativos. No nos debería sorprender que se diese este enlace, especialmente si consideramos la cercanía al rey de ambas familias. Como hemos dicho el matrimonio se celebró en Sanlúcar de Barrameda (Cádiz), y de él resultaron individuos de enorme importancia para nuestra investigación, pues fueron los conquistadores de la isla de Tenerife y de él descienden una cantidad significativa, (si no mayoritaria), de los Mesa Canarios. Sus nombres son:

  • Diego de Mesa y Vique (c. 1465)
  • Lope de Mesa y Vique (c. 1465)
  • Juan de Mesa y Vique (c. 1465)
  • Inés de Mesa y Vique (c. 1465)

Tras una llamada de socorro, el Duque de Medina Sidonia organizó y reunió a caballeros andaluces y se embarcó en el viaje de conquista de la isla. Encontrándose entre ellos y acudiendo a su costa los Mesa, con gente de guerra y caballos. Pero de esto hablaremos más adelante.

Los Reyes Católicos y la toma de Granada

El 13 de diciembre de 1474, tras la muerte de Enrique IV, Isabel (su media hermana) se proclama reina de Castilla, desencadenando la Guerra de Sucesión Castellana (1475 - 1479), entre partidarios de Isabel (gran parte de la nobleza Castellana, en la que presuponemos a los Mesa), y Juana, su hija (apoyada por Portugal).

Isabel vence y Castilla ve por fin el glorioso reinado de los Reyes Católicos. A diferencia del desmadre con Enrique IV, Isabel la Católica no solo supo entablar mejores relaciones con la nobleza, sino mantenerla a raya:

"Sus viajes a las fronteras de Extremadura y al centro de Andalucía, donde reinaba la anarquía más espantosa, fueron de un efecto mágico. Los jefes de las casas de Cádiz y Medina-Sidonia, los Guzmán, los Ponce de León, los Aguilar y los Portocarrero, que tenían dividida y conturbada la tierra, debieron quedar sorprendidos al ver a la reina entrar impávida en Sevilla, recibir las aclamaciones del pueblo, y sentarse en el tribunal a administrar justicia con tan imperturbable calma como si dominara el país. Aquellos independientes señores, que parecían tan formidables, los unos fueron devolviendo a la corona los bienes de que se habían apoderado, los otros se presentaron a la reina a disculpar lo mejor que pudieron su conducta pasada. Isabel en su viaje y expedición al litoral, usando más de la prudencia y de la moderación que de la fuerza, concilió entre sí algunos de aquellos rivales magnates y sus respectivos bandos, y aunque ni restableció enteramente el orden ni rescató todo lo que había pertenecido a la corona, mejoró notablemente la situación del país, enseñó a respetar su autoridad, y dejó muy quebrantado el poder de aquellos ricos y turbulentos señores." ¹

El Duque de Medina Sidonia fue uno de los más grandes nobles y que más contribuyó con tropas a la Guerra de Granada. Sus vasallos y clientes fueron llamados a participar en las huestes ducales.

Estamos muy seguros de la participación de los Ruíz de Mesa en esta épica empresa dado que el contingente andaluz enviado por el Duque de Medina Sidonia años después a Tenerife estaba compuesto en gran medida por veteranos de la Guerra de Granada. Y porque es difícil imaginar que una familia de hidalgos fronterizos con el reino Nazarí de Granada, acostumbrados a escaramuzas, que además no tuvieron reparo en embarcarse hacia unas lejanas islas en medio del océano para conquistarlas, rechazasen la participación en lo que ya había sido consolidada como la acción última del esfuerzo Reconquistador que había durado siglos, y en los cuáles sus antepasados lucharon valientemente. Además, insisto, tenemos documentos que reforzarán esta idea, pero que por fuerza tendremos que analizar más adelante.

La Guerra de Granada

Tras décadas de inestables treguas, el sultán Muley Hacén rompe la paz en 1481 al tomar la plaza fronteriza de Zahara de la Sierra. Castilla responde con furia; en febrero de 1482, el Marqués de Cádiz y el Duque de Medina Sidonia unen fuerzas dejando de lado rivalidades pasadas y conquistan Alhama de Granada.

"Gran pesadumbre y honda tristeza causó en Granada la noticia de haberse perdido una ciudad tan fuerte y tan opulenta como Alhama. El pueblo entre atemorizado y absorto recordaba con pavor las fatídicas predicciones del viejo profeta, y un patético romance de aquel tiempo compuesto sobre el triste tema de: ¡Ay de mi Alhama! demuestra cuán profunda debió ser la impresión que produjo en los ánimos. Llegaban a los oídos de Muley no solo los lamentos, sino las murmuraciones y los dicterios que contra él vertía el pueblo, mientras en Medina del Campo, con noticia que envió el marqués de Cádiz a los reyes de Castilla anunciándoles el éxito feliz de su empresa, se entonaba en los templos el himno sagrado de acción de gracias al Dios de los ejércitos. ¹
Los esfuerzos de los reyes de Castilla no habían sido inútiles, y tampoco las excitaciones del marqués de Cádiz a los caballeros andaluces habían sido infructuosas. Todos se prestaron gustosos a hacer un servicio que interesaba a la religión y afectaba la honra castellana, y habíase formado un ejército de cinco mil caballos y cuarenta mil peones. Entre los nobles caudillos de esta hueste figuraba el duque de Medina-Sidonia don Enrique de Guzmán, el antiguo rival y enemigo del marqués de Cádiz don Rodrigo Ponce de León, los dos troncos de las casas de los Ponces y de los Guzmanes, cuyas discordias y guerras habían agitado tanto tiempo las tierras de Andalucía, y cuyos odios la reina Isabel había logrado templar, pero no extinguir. Por lo mismo el de Cádiz no se había atrevido a escribir al de Medina-Sidonia, pero este quiso dar un ejemplo de su magnanimidad, y olvidando añejas rivalidades y oyendo solo la voz del patriotismo y de la galantería, acudió espontánea y generosamente con sus numerosos vasallos en socorro del que había sido antes su enemigo. " ¹

Como curiosidad, quisiera mencionar que a su vez, era un tal Cristóbal de Mesa alcaide de Castellar de la Frontera. Del que sabemos muy poco, pero que sin duda debió de tener contacto con Álvaro Ruíz de Mesa. Desconozco de qué índole, y cómo de emparentados pudieran o no estar. Sin duda otra pista interesante de la que tirar en el futuro.

Es muy probable que los hijos de Álvaro Ruíz de Mesa, que ya debían estar en edad adulta en base a mis estimaciones, (16 - 20 años), participasen en estos conflictos junto con su padre como escuderos o soldados jóvenes. Esto se ve reforzado por el hecho de que Álvaro fuese más tarde (porque no lo podía ser antes) alcaide del Castillo de Ronda.

En Casa de Cabrera en Córdoba: obra genealógica histórica, Francisco Ruano comete un error al mencionar a Álvaro Ruíz de Mesa como:

"(...) Alcaide de Jimena y del Castillo de Ronda por el Rey don Enrique IV de Castilla (...)".

Esto se debe principalmente a que Ronda no fue tomada hasta la época de los Reyes Católicos, por tanto es imposible que Álvaro fuese alcaide de una fortaleza que estaba en manos del enemigo. Asumimos por ende que el autor considera erróneamente el título de Alcaide de Jimena, que sí fue otorgado por Enrique IV, como una extensión del de Ronda, dado que no es imposible. Este hecho da más peso a la imagen de los Ruíz de Mesa como participantes en la Guerra de Granada bajo el Ducado de Medina Sidonia, pues no se explica si no que le hiciesen alcaide del Castillo de Ronda.

La toma de Ronda se da en el año 1485. Dejaré que Lafuente narre esta épica empresa:

"Ronda, la capital de la Serranía de su nombre, situada en país fragoso sobre una roca cortada por un tajo formando a sus pies un abismo, defendida por otra parte con torreones y castillos fabricados sobre peña viva; ciudad tan fortalecida por la naturaleza que parecía hacer superfluas todas las fortificaciones del arte, se miraba como inaccesible y se hallaba por esta misma confianza casi desamparada, según aviso secreto que de ello tuvo el marqués de Cádiz, empleados los moros de la Serranía en correr con Hamet el Zegrí las campiñas de Medina-Sidonia. Aprovechando tan propicia ocasión destacó inmediatamente el rey Fernando al mando del marqués un cuerpo de ocho mil peones y tres mil caballos con la artillería que había servido para batir a Coín y Cártama, distrayendo él las fuerzas enemigas con un simulado ataque sobre Loja para dar lugar a que fuesen trasportados los cañones y lombardas. Logrado este objeto, revolvió haciendo un rodeo sobre Ronda, cuyos habitantes se vieron sorprendidos con la aparición inopinada del ejército cristiano que circundaba sus riscos y torreones, y se extendía por los desfiladeros de sus montañas. Halláronse en el cerco, además del rey, el marqués de Cádiz, el adelantado de Castilla, el conde de Benavente, con las milicias de Córdoba, Écija y Carmona, y muchos castellanos, los maestres de Alcántara y de Santiago con los caballeros de sus respectivas órdenes. Comenzaron a jugar las baterías por tres diferentes puntos, y al cuarto día habían desalmenado ya algunas torres y aportillado la muralla. En vano los defensores, acaudillados por el alguacil mayor, procuraban resistir al abrigo de empalizadas formadas en las calles. Mientras los soldados del conde de Benavente y del maestre de Alcántara penetraban a cuerpo descubierto por la brecha, y avanzando por las calles las desembarazaban de los maderos y fajinas que las obstruían, vióse con sorpresa y admiración a un caballero cristiano que, protegido por algunos de sus compañeros, habiendo escalado una casa se iba encaramando de tejado en tejado hasta plantar su bandera sobre la cúpula de la mezquita principal. Este intrépido guerrero era el alférez don Juan Fajardo. Asombrados los moros con este acto de inusitado arrojo y con la gritería de todo el ejercito, se refugiaron despavoridos al alcázar."
"Dueños eran ya los cristianos de la ciudad, cuando acudió Hamet el Zegrí con sus montañeses en socorro de los rondeños, pero detenido en las angosturas de la Sierra por las compañías que guardaban aquellos pasos, tuvo que detenerse y oír mal de su grado el orgulloso capitán moro el estruendo de las lombardas y el estrépito de los torreones del alcázar de Ronda que caían desplomados. Las ruinas de la fortaleza, la escasez de agua y de víveres, los lamentos de las víctimas, el llanto de las mujeres y de los niños de la ciudad, los ruegos de los ancianos, todo movió a aquellas apuradas gentes a enarbolar bandera de parlamento y a ofrecer la rendición con tal que se les diera seguro de vidas y haciendas, y permiso para trasladarse a África, a Granada, y aún a Castilla para vivir en este último reino como mudéjares. Fernando con su acostumbrada política en tales casos aceptó las condiciones, añadiendo la de que habían de entregársele todos los cristianos cautivos (mayo 1485). En su virtud los moros mismos sacaron de las mazmorras y le presentaron hasta cuatrocientos infelices, macilentos, demacrados y medio desnudos, muchos de ellos encerrados allí desde la catástrofe de la Ajarquía. Como testimonio glorioso de su triunfo los envió el rey Fernando a Córdoba; a la vista de aquellos esqueletos vivientes se conmovieron con melancólica alegría las entrañas de la piadosa Isabel, que después de darles a besar su mano y de consolarlos como una madre, mandó que inmediatamente se les suministrara alimentos y vestidos, y se les facilitasen recursos para que fuesen a reponerse en el seno de sus familias." ¹
Dramarización IA de la toma de Ronda - (poco precisa)
Dramarización IA de la toma de Ronda - (poco precisa)

La caída de Ronda fue un golpe psicológico devastador para el Reino de Granada, ya que se trataba de una plaza clave en la Serranía de Ronda y controlaba importantes rutas de comunicación.

Imaginamos que fue entonces cuando se hizo a Álvaro Ruíz de Mesa alcaide del castillo. A día de hoy aún se conserva y puede ser visitado, aunque con el nombre de Castillo del Laurel, en estado de conservación deficiente.

Poco después, en 1487, del Duque de Medina Sidonia participa en la toma de Málaga junto a los reyes. Un asedio extremadamente duro y sangriento que duró meses. Al igual que en los movimientos anteriores, consideramos como muy probable que los Ruíz de Mesa se hallasen como participantes en la toma.

El suspiro del moro. Boabdil mirando por última vez a la ciudad de Granada antes de partir para África. Autor Francisco Pradilla Encontrado aquí

Estas campañas forjaron la reputación militar de los Ruiz de Mesa y los prepararon para nuevas empresas. Volveremos a ver a los Ruiz de Mesa conquistando nuevas tierras, pero esta vez en el Atlántico, donde habrían de encontrarse con las islas llamadas las Afortunadas.